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Trajinando
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Un otoño cualquiera en Berlín

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(apuntes del verano pasado)

¡Regreso al blog y estreno sección! No se me ocurría mejor forma para llamarla que la frase que me escribió mi gran amigo J. ¡Gracias por prestármela!

Al amor de la lumbre

Ya tenía yo en mente desde el principio tener una sección que me permitiera contar cosas sin tener que acabar necesariamente en una receta y aquí estoy, dispuesta a contar todas las experiencias, ideas, descubrimientos de todos estos meses sin publicar recetas y a abrir una puerta hacia un lugar donde colgar cosas bonitas de la vida sin más.

Mi última entrada tiene fecha de 28 de julio, ¡horror! Dos mesecitos pensando en escribir y ahora espero estar a la altura para romper el hielo con mi blog ¿Estará cabreado conmigo? ¿me volverá a recibir con los brazos abiertos? Seguro que comprenderá la explicación a tan largo silencio: ¡chico, es que estoy sin cocina!

Ya os comenté que empezamos con una gran obra en casa que nos puso todo patas arriba; ahora, tres meses después de empezar, estamos libres de yesos y cementos, pero nos queda la larga tarea de construir la cocina. Como muchos sabéis, D. es muy apañado y está ahora mismo liado con las maderas que formarán de aquí a tres semanas la cocina de nuestros sueños.

Hacerlo todo uno mismo tiene la gran ventaja de poder diseñar los muebles para lo que se tiene y no al revés, que suele ser lo que pasa cuando se compra una cocina ya hecha: en ese caso uno no para de preguntarse dónde entrarán los platos, de qué manera se podrá apilar los vasos y si las cucharas de madera no estarían mejor en un recipiente de cerámica en la encimera. Nosotros no, nosotros estamos haciendo “un traje a medida”; nada es casual y hemos diseñado una cocina para nuestros tropecientos platos, cuencos, cubiertos y, lo más importante, para las tropecientas tazas, mis tazas, mi pasión (santa paciencia que tiene D.)

En este periodo sin fogón de gas hicimos un par de cosas en un hornillo eléctrico, pero vamos, que hablo de pasta y similares. Esta experiencia me sirvió para saber lo mucho que odio cocinar en placa eléctrica; no se puede regular bien la temperatura y todo tarda el doble, o al menos eso es lo que se piensa ¡¡justo antes de darse uno cuenta de que se nos está quemando la comida!! Horroroso. Adoro la cocina de gas, cocinar con fuego, que para algo tenemos un contrato con una compañía de gas ecológico, ¡faltaría más!

El verano pasó rápido y nos dejó un piso casi irreconocible y un comienzo de curso demasiado prematuro para nuestra percepción del tiempo, y es que comenzar el curso un día 6 de agosto se le hace cuesta arriba a cualquiera.

Luego llegó septiembre con mucha visita altamente esperada y disfrutada :-) Largos paseos, muchas charlas puestas al día y sobre todo infinitos recorridos gastronómicos.

Muchas de las recetas que llegarán a este blog próximamente ya han sido preparadas en la nueva cocina, vamos, me refiero solamente a su ubicación, hasta que todo esté terminado le doy por lo menos un mes.

Coca de Llanda(gracias a nuestros vecinos S. y P.), boloñesa vegetariana, arroz con verduras y, ¡atención!, ¡mi primera receta con carne! Ésa la dejo en el aire para que os quedéis con la intriga 😉

Este capítulo nos ha dejado estampas como éstas…

Haciendo la coca:

¡Al arrocito rico!

También hice un pisto de esos que quitan el “sentío”, encima con un par de “regañás” ya ni te cuento:

Por otro lado ha habido delicias altamente calóricas, de esas que es mejor llamar “caprichos” o “excepciones” por el tema de la mala conciencia; muchos conoceréis la marca de chocolate alemana Ritter Sport (sí, G., ¡todavía me estoy riendo!), pues tienen una tienda por la capital germana que es digna de visitar; no sé si conozco una marca con tantas variedades, todas riquísimas, claro está.

A esta “excepción” sumamos el “capricho” que me llegó de los madriles: los bollitos del Círculo Rojo de Bimbo. Todo el mundo en España tiene en un pedestal a los bollitos de la Pantera Rosa, pero yo me quedo con estos grasientos y sencillos bizcochitos; he de decir que en mi última visita por España le quise presentar a D. los bollitos de la Pantera Rosa, ya que marcaron la infancia de muchos de nosotros, y cuando los probé vi cómo se caía a pedazos en un segundo el pedestal donde los había puesto todos estos años…¡qué horror! ¿estaban así de dulces hace 20 años? ¿se pegaban tanto al paladar? Con todos mis respetos a los seguidores del pastelillo rosa: ¡me pareció incomible!

Pasamos a manjares mucho más agradables, supongo que más sanos pero igual de calóricos, si no más: el queso. Ya os hablé en alguna entrada del queso Payoyo, pues bien, tengo en la nevera medio queso y un trocito. Es un manjar que solamente se consigue en la provincia de Cádiz, bueno, al menos no se consigue en Madrid (de ahí los malabarismos para que me los haga llegar la familia), y que hace las delicias de nuestros desayunos con uno de mis panes y un poquito de mermelada de membrillo casera. No le perdáis la pista a este queso, mi meta es conseguir darle más publicidad por estas latitudes, a ver qué se me ocurre.

En estos días, semanas, meses sin escribir en el blog he descubierto muchas páginas interesantes y no todas tienen que ver con la cocina. Voy a ver si actualizo la lista de webs preferidas que podéis encontrar en seguir navegando arriba a la derecha y os descubro alguna cosilla que otra.

Este verano también inauguramos nuestro jardín con una barbacoa; fue un día tranquilo donde los niños disfrutaron como tales recolectando toda la fruta madura que encontraron. Nosotros nos deleitamos con unos 10 kilos de ciruelas que hicimos en compota, aunque para la segunda recolecta llegamos tarde y ya los pájaros y otros animales habían dado buena cuenta de los otros 10 kilos que dejamos en el árbol.

Aquí algunas impresiones de esta aventura “ciruelil”:

Lo que no pudieron recolectar ni los niños ni los animalillos fueron nuestras patatas, aquí os presento la patata más pequeña de la historia, la mejor guarnición para un salmón al horno:

Las patatas de nuestra cosecha tenían un aroma tan diferente a las patatas compradas, algo totalmente nuevo para mí. A partir de ya solo quiero mis propias patatas :-) A ver si vamos estos días a recoger la segunda tanda.

Supongo que estas semanas publicaré solo en esta sección, pero no os podéis imaginar las ganas que tengo ya de ponerme con las manos en la masa y prepararos alguna recetilla rica, rica. Mi consuelo es que cuando eso sea posible ¡la cocina ya estará terminada! ¡Qué ganitas tenemos ya!

Os mando un abrazo fuerte y espero que este fin de semana sea más soleado allá dónde estéis; en Berlín nos quedamos con un cielo gris, vientos otoñales, hojitas secas por todas partes y lluvias que dejan como único plan apetecible tomar un cafetito tras otro mirando a través de la ventana.

¡Hasta pronto al amor de la lumbre!

2 Comments

  1. Nos tiene que hacer unas fotos de donde tiene ese jardín que da de todo, sobre las papas yo te daría una idea, por eso de haber estado hace poco por Tenerife, las “papas arugas” lo que estarían muy bien, pero se tendría que acompañar con mojo verde o rojo, así que anímate es bocado de Ángel por lo menos Ángel Canario.

    Besos

    • Ahora mismito te mando el enlace con fotillos del jardín y aqui en el blog ya hay una: ¡la maravillosa fresa de la portada! 😉
      Cuando recogimos las patatas pensamos enseguida en las papas arrugás canarias porque al ser tan chiquitinas las hicimos con piel y todo; a ver si echo un vistazo para hacer los mojos, !que nos encantan!
      ¡Un beso!

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