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Paté vegetal

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(y tal)

Recién regresada de pasar unos días por Madrid vuelvo a los fogones de mi teclado. Al mirar la fecha de mi última receta me he dicho que no podía dejar pasar más tiempo, a pesar de que al llegar a Berlín nos hemos visto invadidos por la inmensidad que supone tener obras en casa.

Antes de este viaje fui previsora y dejé preparadas un par de fotitos de mi última creación, así que hoy me dedico a escribir y a contar el por qué de esta receta. De todas formas la cocina la tenemos un poco patas arriba, así que no sé si podré tirar mucho de archivo de fotografías de recetas ya hechas para presentaros o si realmente tendré que hacer una pausa (otra pausa) en el blog, a ver qué pasa.

Antes de nada, como ya habréis notado, la foto de cabecera ha cambiado y es que desde que vi la foto que D. hizo en nuestro jardincito ¡supe que tenía que ser mía! ¡Dan ganas de pegarle un mordisco a esa fresa silvestre que rebosa alegría! Ya me diréis qué os parece. Ya que toco el tema del jardín os cuento que ya hemos recolectado nuestras primeras cerezas, desde las dulces picotas que le alegran a uno la cara con tanto antioxidante, a las cerezas ácidas que solo se dejan comer en forma de mermelada o dentro de algún dulce pastel. Los melocotones, las peras y las ciruelas siguen madurando apaciblemente en sus respectivas ramas y nosotros desde abajo lanzamos miradas al cielo para que nos mande un poquito de sol, lo justito para que nos endulcen alguna de nuestras excursiones al jardín en los próximos meses.

He pasado de ser chica de ciudad a descubrir el milagro de la naturaleza, la alegría que despierta la explosión de sabor de las grosellas recién recolectadas, el ver cómo los brotes de convierten en tallo y las hojas en flor, anunciando la inminente llegada del fruto. La paciencia que requiere el seguimiento de este proceso tan natural como la vida misma y tan olvidado en el camino hacia las estanterías de los supermercados.

La receta de hoy es un homenaje a todas las posibilidades que nos dejan las verduras, ese regalo de la tierra, y espero que sirva de inspiración para los escépticos que se echan para atrás cada vez que se menciona la palabra “vegetal” o “vegetariano”. También espero que sea compatible con las temperaturas que dejé en Madrid al irme y el clima que me recibió en Berlín al llegar; pasar de 43 grados a 15 fue duro, pero se dice y se comenta que mañana tendremos un ambiente más veraniego por estos lares; mi pregunta en estos últimos tiempos es dónde narices quedó el término medio. Y no me refiero solo al tiempo.

En fin, éste es un paté que también podríamos haber bautizado pasta o crema vegetal para untar, lo importante es que, como casi siempre en mis recetas, tendremos una receta base que podremos variar según nuestros gustos y que podremos casi aprender de memoria para improvisar algún día que no sepamos qué poner de aperitivo, de merienda o incluso de cena.

Resulta muy ligera; por otro lado, los que se me echan para atrás al ver más de tres ingredientes deben saber que es muy fácil de preparar y que con un par de truquillos y alternativas que marcaré en negrita podréis hacer vuestra propia invención sin tener que usar todos y cada uno de los ingredientes que os cuento. Lo importante, como en cada receta, es entender la intención que existe detrás; en este caso mi intención es que podamos disponer de algo diferente para untar en el pan, algo que no sea ni queso ni embutido y que al mismo tiempo resulte exquisito y original.

Mi paté vegetal tiene los siguientes ingredientes para la base:

1 pimiento rojo

media cebolla

un trocito de raíz de gengibre

una cucharadita de especia curcuma o curry

1 diente de ajo

una cucharadita de copos de levadura de cerveza

media chirivía pequeña/zanahoria pequeña

1 hoja de apio de monte/un trocito de apio

una cucharadita de aceite de oliva

sal al gusto

La chirivía la descubrí en Berlín y viene a ser como una zanahoria blanca de parecido sabor a la zanahoria tradicional. Merece la pena preguntar en la frutería porque le da un toque estupendo a muchos planos. Si no la encontráis, zanahoria bastará.

El apio de monte es otra de las sorpresas que nos encontramos un día en una esquina de nuestro jardín; no lo conoceréis, pero se dice que es el ingrediente secreto de las pastillas de caldo Maggi, aunque la empresa ya confirmó que sus pastillas no contienen ese ingrediente. Tiene forma de perejil pero más grande y sabe a apio pero un poco más fuerte, por lo que con una hojita se consigue un sabor muy intenso.

La alternativa será echarle un poquito de apio. Conozco a mucha gente a la que el sabor excesivo del apio no le gusta mucho, por eso hay que tener cuidado y no pasarse. Ante la duda no le echaremos nada y punto; la cebolla y el ajo ya desempeñan un papel importante en la receta.

El ingrediente que le dio el sabor principal a nuestro paté fue el garbanzo; pero ¿por qué de nuevo garbanzo si hace poco hice la receta de hummus? Bueno, principalmente por la textura que deja, pero ahí podríamos incluir todas las legumbres que se nos ocurran; este paté estará exquisito también si lo hacemos con lentejas o con judía pinta o frijol.

Si no queréis hacer un paté con legumbre porque no os cuadra con el resto del menú o porque no os apetece o no os gusta, aquí tenéis un truquillo para darle la consistencia de paté y que no se os quede muy aguado si le echáis cualquier otro vegetal (queda riquísimo con tomates secos o naturales, con rúcula, con rábano, etc etc etc), es echarle cualquier fruto seco a la hora de pasarlo por la batidora; podéis hacerlo desde con pipas de girasol o anacardos, lo que queráis, simplemente tened en cuenta que algunos frutos secos le darán un sabor más intenso que otro, como por ejemplo las nueces o los pistachos. El fruto seco más neutral para espesar vuestro paté vegetal será la pipa de girasol; mi paté no necesitó otro tipo de espesante porque con el garbanzo quedó perfecto.

Los copos de levadura de cerveza intensifican el sabor al mismo tiempo que aportan una cantidad impresionante de vitaminas. También ayudan a espesar el conjunto. Si no lo encontráis tampoco es imprescindible, pero seguro que en cualquier herbolario lo encontráis.

Es verdad que muchos patés se espesan con fécula de patata, pero esa es una forma de añadir hidratos de carbono que no necesitamos en esta receta para nada.

Preparación:

De nuevo tenemos la rápida preparación en microondas o en sartén para los que no quieran tocar dicho electrodoméstico ni en sueños.

Cortamos el pimiento y la cebolla en trozos pequeños o en láminas, rociamos con un chorrito de aceite de oliva y cocinamos en el microondas unos 5 minutos o en la sartén a fuego lento hasta que esté cocinado; puede quedarse un poco crudo sin problema.

Añadimos el diente de ajo y el resto de los ingredientes y lo pasamos con la batidora. Si hemos decidido hacerlo con legumbre cocinaremos la legumbre según lo indicado en el paquete y la batiríamos junto a la anterior mezcla; la versión rápida sería utilizar legumbre ya hervida de bote.

Si hemos decidido hacer un paté vegetal con tomate, rúcula u otro vegetal notaremos que se nos queda un poco líquido, entonces tendremos que ir echando por ejemplo pipas de girasol sin sal, peladas se entiende, e ir batiendo poco a poco hasta lograr la consistencia adecuada.

Al final condimentamos el paté con el curcuma o curry y la sal y tendremos que probar para ver lo fuerte que lo vamos a querer. A nosotros nos encanta el curry, así que no nos importa si nos queda fuertecillo.

Para los más valientes podéis echarle algún picante extra para activar el metabolismo de vuestros comensales 😉

Esta foto quedó un poco borrosa, pero tenía unas ganas locas de enseñaros el cuenquecito iraní que me regaló mi querida amiga Ilka:

Esta es una de esas recetas de las que se puede hacer el doble de cantidad ya que os ponéis a cocinar porque luego se conserva estupendamenete en la nevera; podríais hacer el doble de cantidad del paté base y luego combinar con los vegetales que os apetezcan y tener un par de patés diferentes y originales para cada día: uno de garbanzo, otro de rábano con manzana, de remolacha…

Espero que os animéis a probar esta sencilla receta que no tiene mayor complicación que hacer una crema espesita de verduritas y untar en un buen pan. ¿Será esta la receta que me anime a empezar la sección de panes y masas en el blog?

Por el momento yo ya me voy despidiendo, no sin antes dedicaros la frase que escuché, leí o soñé estos días por los madriles:

“No pospongas la alegría”.

Así que venga, ¡todo el mundo a la cocina que se acerca el fin de semana! :-)

4 Comments

  1. Tiene muy buena pinta. Con galletitas de esas crujientes debe estar muy bueno, seguro. Y como contrapunto un buen amontillado jerezano. A ver si eliminan las prohibiciones y te puedes llevar alguna botellita. He encontrado una marca de amontillado fino que es una maravilla. El vino de Jerez es un elemento “bio” que se puede añadir a casi todos los guisos. Sobre todo a los de carne o pescado.
    El sabor a apio me encanta. Los tallos de apio fresco son un magnífico sustituto del pan para estos tipos de patés. Con queso fresco está genial. Recordarás tal vez la salsa de tomate con un poco de apio. Es un magnífico sustituto de la sal. Las lentejas “viudas” que te comenté en otra ocasión con un toquecito de apio quedan muy bien.
    Todos estos aditamentos de sabor fuerte hay que dosificarlos para que no enmascaren el de los componentes. Los franceses les llaman “légèrement parfumée” a las recetas que llevan algún “toque” de especia. Lo bueno es que se adivine, no que sepan descaradamente.
    Bueno, que me enrollo. Buena receta Azahara.

    • Genial alternativa ligera al pan: palitos de verduras crudas, ¡genial! Yo es que con el apio tengo que andar con cuidado, que como sepa muy fuerte me echa para atrás ese sabor a perfume.
      El amontillado fino, ¿solo para cocinar o también se puede beber fresquito?
      ¡A ver si te animas a hacerlo para alguna de tus barbacoas veraniegas!

  2. Po si, lo difícil creo que lo estas superando y es la constancia de un comienzo

    Pa la te mi niña, besos

    • Despacito, pero con buena letra 😉
      Supone trabajo, pero con ilusión no cuesta nada.
      ¡Un beso!

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