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Pesto primaveral
Pesto primaveral

Pesto

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(verde, que te quiero verde)

No pensé que me fuera a pasar tan pronto. Pensé que me quedarían muchas recetas por enseñaros hasta llegar a este punto. Pero ya ha sucedido, ¡he encontrado mi receta favorita!

Todo sucedió, como todas las cosas buenas, fruto de la casualidad: quedé a comer en casa de una compañera de trabajo y ella fue la que propuso prepararlo. Al principio no le di nada de importancia ya que el plato me resultaba conocido y sabía lo que me esperaba al final del proceso.

Lavamos las hojas de albahaca, preparamos los piñones, mezclamos ingredientes, todo esto siempre acompañado de cháchara, mucha cháchara (ingrediente secreto de muchos de mis platos) y al final, cuando los platos estaban servidos seguí sin prestarle mucha atención al contenido. Vamos, que el tema está en que ¡me pilló desprevenida!

El aroma de esa albahaca picadita mezclada con el intenso aceite de oliva hizo que casi me cayera de espaldas. Prometí en ese mismo momento preparar mi pesto en casa el fin de semana. Y así fue.

Todo un reto para mí realizar algo tan conocido, tan sencillo y con tan pocas posibilidades de cambio en la receta, bueno, pues aún así, hubo modificaciones, pocas, claro está, porque tampoco hay muchos ingredientes.

En este post os cuento cómo realizar la versión clásica del pesto con mi pequeña modificación, también os comentaré todas las variaciones que existen de esta salsa  y después hablaré un poco sobre el tipo de pasta que usé esta vez.

¿Empezamos?

Ingredientes:

hojas de albahaca fresca

queso viejo tipo parmesano

aceite de oliva

piñones (50 gr)

un diente de ajo

sal

Preparación:

Muchas veces nos encontramos pasos en la cocina que resultan más parecidos a alguna terapia de relajación que a lo que siempre tuvimos en mente al pensar en la gastronomía. En esta receta encontraremos varios pasos que requieren dedicación y mucha delicadeza.

Preparamos un manojo de hojas de albahaca fresca; podéis tomar un manojo grande tranquilamente, porque la salsa que os sobre se conservará perfectamente unos días en el frigorífico.

Lavamos la albaha y sobre una tabla empezamos a picar con un cuchillo bien afilado. Muchos se preguntarán si se puede hacer con algún tipo de picadora automática, la respuesta es “sí, pero…”: lo interesante de vuestro pesto casero va a ser precisamente que se note el trabajo a mano, que las hojas no queden hechas un puré, sino que las podáis masticar, que haya una diferencia con el pesto comprado.

Echaremos las hojas bien picaditas en un recipiente, quizá directamente en el bote donde vayamos a guardarlo.

En un mortero machacamos los piñones. Como cifra orientativa he puesto 50 gr, puede ser que quieras hacer más pesto y hayas utilizado más albahaca, ¡o menos! La verdad es que 50 gramos de piñones como cifra orientativa no es excesivo, así que no os podéis equivocar. Si no tenéis la paciencia de machacar los piñones en el mortero, aquí sí está permitido picarlos en algún cacharro de cocina.

Los ajos los cortamos en trocitos y seguimos los mismos pasos que con los piñones: mortero o picadora.
Vamos echando todos estos ingredientes picaditos en el recipiente con la albahaca y cubrimos toda la mezcla con el mejor aceite de oliva que tengamos.

Esta salsa tiene parmesano rallado, pero en mi entusiasmo por prepararla me di cuenta de que no tenía parmesano en casa, y aquí llega mi pequeño gran cambio en esta receta. Pensando y pensando caí en que tenía un trocito de mi queso preferido que se había secado un poco porque no lo había tapado bien, estoy hablando, por supuesto, del queso payoyo que descubrí hace unos años y que me tiene en un sin vivir :-) Bueno, pues rallé un poco de este queso, pensando si me iba a cargar la salsa y al mismo tiempo iba a desperdiciar un trozo de esta joya, pero no, el pesto salió rico, no, riquísimo, y de hecho no sé yo si haría el pesto de nuevo sin payoyo.

Al echar el queso rallado a la preparación observaremos como la mezcla se va espesando al remover; antes de echar sal es mejor probar un poco la mezcla para ver cómo os ha quedado de sabroso. Normalmente sí que necesita sal, pero para los que estéis acostumbrados a cocinar con poca sal veréis que no os hará falta ni una pizquita porque queda muy sabroso así, sin nada.

¡Y así quedó nuestro plato!

En el mercado existen diferentes tipos de pesto; muchos cambian la albahaca por otro tipo de hoja verde, por lo que podemos encontrar pesto de rúcula o de una hoja que traducida al español tiene un nombre precioso: ajo del oso (Bärlauch en alemán) Por otro lado se encuentran también especialidades en las que usan otro tipo de fruto seco en vez de piñones; yo ya estoy deseando hacer mi próximo pesto con mis queridos anacardos, pero con nueces, avellanas o almendras tiene que estar delicioso también. Existe también la versión vegana que lleva copos de patata en vez de queso. ¿Alguien da más?

La pasta que véis aquí es de un cereal desconocido por muchos, pero que poco a poco se encuentra en supermercados ecológicos por Berlín; de nuevo la gran duda, ¿dónde narices se podrá encontrar esto en vuestra ciudad? Siempre os mando al herbolario, pero en este caso ni siquiera sé si ahí lo tendrán. Se trata del kamut, una variante antigua del trigo y que destaca por su color dorado. De sabor resulta más sabroso que el trigo, pero eso es fácil de conseguir, y yo encontré pasta en su variante integral que acompaña fabulosamente al color verde del pesto.

A los que sean más sibaritas con la pasta os aconsejo los espagueti más finos que encontréis, eso sí, tienen que ser de muy buena calidad, porque si os habéis tomado el tiempo de preparar el pesto con tanto amor, deberíais darle un escenario de calidad.

Mi primer pesto casero lo tomé con los espaguetti llamados capellini de una conocidísima marca de pasta italiana y la verdad es que estaban de lujo. Aún así yo, claro, no los cambiaría por la versión integral de kamut o espelta, pero para los que queráis una pasta más fina de toda la vida, los capellini serán vuestra mejor opción.

Espero haberos dado una buena idea para el menú del domingo; con la llegada de la primavera no hay nada como ver en el plato algo con un verde tan intenso y con un aroma que no te deja indiferente.

Ya sé que ya lo dije en alguna que otra receta, pero esta vez es incluso mejor, el sentimiento de felicidad que da este plato. ¡Totalmente recomendado para los bajones primaverales!

Verde, que te quiero verde… ¡ verde pesto, pesto verde! :-)

6 Comments

  1. Tiene una pinta extraordinaria, de verdad… y la albahaca fresca casi se puede oler. ¡Qué rico! Una invención lo del payoyo.

  2. Oñooo !!! si supiera esto tu abuela y tu tía abuela Lola… ya estarían contentas, aunque esto pa los cursos de cocina… pura competencia eh?

    • Me da a mí que los cursos de cocina tiran por otros caminos..cosa que me recuerda que el Víctor no se anima a darnos ninguno por Berlín!!! me cachis! Un besito! (Por cierto, yo creo que sí que lo saben)

  3. Bueno, mi aportación para el pesto. Se puede usar tb para aliñar la ensalada, un toque diferente y de sibarita total. Lo de la pasta Kamut, se encuentra aquí. Hay una pasta italiana, llamada “Garofano” (clavel en español) que es extraordinaria, me la recomendó mi “genero” que como es italiano, de ésto sabe algo, además es un “exquisito” en cuanto a pasta y vinos. Para los que viven en España, esta pasta se puede encontrar en la marca blanca de El Corte Ingles.
    Cuando no se tiene parmesano, se puede usar el Grana Padano. Hay otro pesto, rojo, que lo hacen en el Sur, no tengo la receta, pero para eso está “San Google”. Pedazo de blog a nivel internacional.

    • Efectivamente, existe el pesto rosso que lo hacen con tomates secos…aunque, como todo es cuestión de gustos, me da a mí que ese no lo veréis por este blog 😉 La pasta “Garofano” es de kamut?? cuenta, cuenta, que con ese nombre tan bonito lo buscaré cuando esté por los madriles. Un beso!

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